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William Carlos Williams

Sleep!
There is hunting in heaven--
Sleep safe till tomorrow.

Perverted by Language

"La Muerte Joven"

Disponible en Duck-ö-Homo
Av. Corrientes esq. Uruguay (Galería Apolo)

1$

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Todo comenzó cuando el día de ayer, un muchachito extremadamente pensante comentó el poco contenido literario en mi fotolog. Si bien alegué que esa página solo trataba de fotos, y que a partir de ellas observaría cuál de los visitantes arriesgaba el comentario justo, mi interlocutor argumentó que la total ausencia de un texto, reflexión u observación por mi parte contribuían a la escasa participación del público.
Y ya que esa observación fue totalmente válida (pues estaba argumentada de manera muy práctica, la cula no expondré aquí debido a la sospecha de que el citado se mostraría reticente hacia ello), probablemente Fotolog y el pixelado y aún inmaduro Vida Yummy irán de la mano cual orgullosos e infantiles compañeros de aula.
Hoy, durante una conversación con mi estimadísima señorita C, recordé a propósito de la localidad de Palomar, un conjunto de edificios de estilo decididamente proletario en los cuales, según me aseguró mi padre, Luca Prodan se alojó alguna vez. Si bien es cierto que Palomar es el hogar de un sector militar-conservador-retirado y que raramente podría encontrarse algo conmovedor por allí, resultó emocionante imaginar a alguien de pie en una pequeña escalera que hace las veces de entrada principal, soñando con Inglaterra, rodeado de paraísos y aquella tristeza post-industrial que tanto suele agradarme y la cual se ha apoderado invariablemente de muchísimas de mis obras musicales favoritas.
Palomar es también la ciudad donde reside una pequeña parte de mi familia y es por eso que recuerdo, como si de una ficción se tratase, viistar una casa localizada en un barro circular muy prolijo. En él las calles eran nombradas en honor de aviadores y mi impresión, desde niña, fué que aquel lugar siempre se encontraba fuera de tiempo. Probablemente en el 1950. No sólo eso sino que uno podría resultar víctima de complejas y atemorizantes experiencias tales como confundir pasillos o encontrar nuevas puertas, entrar a la casa incorrecta -pues las casas allí son arquitectónicamente idénticas- o en el camino hacia el living, encontrar al doble de alguno de nosotros vagando cerca de la televisión.
Lo cierto es que el conurbano bonaerense, luego de muchos años de creer lo contrario, resulta agradable luego de una jornada de trabajo. Al anochecer, los paraísos están allí y ya sin la vista de interminables edificios, aún se puede meditar acerca de la melancolía post-industrial mientras un vecino desconocido, al verme sentada en la puerta de casa pregunta al pasar "¿Te dejaron afuera?".

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El día sábado 2 de diciembre, Mujercitas Terror se presentó en la localidad de San Fernando.
El recital tomó lugar en un club gigantesco que contaba con un escenario exterior y un segundo escenario, bajo techo en una cancha techada de considerables dimensiones.
La seguridad excesiva otorgaba un aire de claustrofobia gubernamental.
Cuando Mujercitas subió al escenario, la atmósfera de considerable tensión se transformó en un extraño sentimiento de odio por parte de los presentes, todos ellos jovencitos desamparados que parecían haber llegado allí luego de ser evacuados de una masacre escolar.
Durante "pájaros descuartizados" (quizás antes), el sonidista silenció el bajo.
Lo mejor fue cuando en el final, la horrible anfitriona municipal, quien esperaba sobre el costado del escenario, acotó: "ellos fueron los Mujercitas Terror, no me dejaron presentarlos ni nada..." mientras Marcelo y Daniela juntaban rápidamente cables e instrumentos para luego huir de allí.
 

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