Archives

31 de Diciembre de 2007

J' attend les Cosaques et le Saint-Esprit.

(Leon Bloy)

La Fiesta Muda



Mujercitas Terror en vivo + Exposición de dibujos
Selección musical a cargo de Nenet

Hoy en Sexto Cultural (Av.Lacroze 4181) 6to piso
20hs
Valor de la entrada: 5$

205

Sueño de un teatro de luces y música de cabaret.
Las actrices del teatro eran travestis de labios rojos y pieles blancas, vestidas como bailarinas de la década de 1920. Una de ellas me llevaba al salón que ocupaban las personas adineradas, casi todas ellas ancianos y mujeres sonrientes. Ibamos luego al camarín y mi acompañante desaparecía. Un grupo de bailarinas de ballet ocupaba la habitación. Al mirarme en un espejo notaba que mi maquillaje había desaparecido y que mi rostro era horrible, como si mis cejas y pestañas hubiesen sido eliminadas. Lucía un turbante blanco y brillante cerrado por una joya negra sobre la frente. Mi vestido era del color nacarado de una caracola. Las bailarinas comenzaban a interrogarme acerca de mi papel en el show y la presencia de mis amigas travestis en el escenario elegante; sabía que el espectáculo era en realidad una farsa y que no debíamos estar allí.

The actual condition

Buenas noches


Llegué a San Bernardo el día lunes. Al salir de casa hoy noté que aquí se ven muchísimas estrellas en el cielo. La ola turística aún no ha invadido la ciudad por lo que en la playa pude realmente escuchar el mar.
Recorrí la calle principal en búsqueda de librerías y una juguetería que recordaba de años anteriores. Todas las librerías han cerrado menos un local alejado y clásico el cual es atendido por un hombre calvo y barbudo que viste una camisa gris de Segba. Ví allí (y este es el motivo que ha causado este correo) "En los acantilados de mármol" de Ernst Junger y ¡oh sorpresa! "Le feu follet" de Pierre Drieu La Rochelle. Estoy leyendo ahora "La exhibición de atrocidades" de J.G Ballard pero he traído también las obras completas de J.L Borges y el ensayo de Pornografía y Obscenidad de Henry Miller y D.H Lawrence (nada me agrada más que escribir iniciales). Hoy por la tarde abrió sus puertas el mejor local de video-juegos ("Ingenio") por lo que recién he ido a intentar convertirme en la campeona del arcade, mi intento ha fallado al indignarme por el precio de la ficha, el cual asciende a $1. ¡Es absurdo! De todos modos jugué a un juego muy genial que no conocía llamado "Warzoid" en el cual uno se convierte en un soldado 3-D (presumiblemente alemán) y dispara contra esqueletos que ostentan bandanas rojas en medio del desierto. El mejor detalle es el nombre que uno puede elegir al comenzar la misión, que puede ser Monster, Ninja, Hammer, y una lista del estilo. Ah, olvidé mencionar que el el arcade no tiene joystick sino una pistola roja de plástico. Se supone que encontraré trabajo aquí en temporada. He ido dentro del mar y me he quemado la espalda un poco en la tarde, cuando me quedé dormida pensando en mi sueño de anoche. Antes de tomar el micro, grabé cds como si del fin del mundo se tratase.

Two English Poems


I

The useless dawn finds me in a deserted street-
corner; I have outlived the night.
Nights are proud waves; darkblue topheavy waves
laden with all the hues of deep spoil, laden with
things unlikely and desirable.
Nights have a habit of mysterious gifts and refusals,
of things half given away, half withheld,
of joys with a dark hemisphere. Nights act
that way, I tell you.
The surge, that night, left me the customary shreds
and odd ends: some hated friends to chat
with, music for dreams, and the smoking of
bitter ashes. The things my hungry heart
has no use for.
The big wave brought you.
Words, any words, your laughter; and you so lazily
and incessantly beautiful. We talked and you
have forgotten the words.
The shattering dawn finds me in a deserted street
of my city.
Your profile turned away, the sounds that go to
make your name, the lilt of your laughter:
these are the illustrious toys you have left me.
I turn them over in the dawn, I lose them, I find
them; I tell them to the few stray dogs and
to the few stray stars of the dawn.
Your dark rich life ...
I must get at you, somehow; I put away those
illustrious toys you have left me, I want your
hidden look, your real smile -- that lonely,
mocking smile your cool mirror knows.

II

What can I hold you with?
I offer you lean streets, desperate sunsets, the
moon of the jagged suburbs.
I offer you the bitterness of a man who has looked
long and long at the lonely moon.
I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts
that living men have honoured in bronze:
my father's father killed in the frontier of
Buenos Aires, two bullets through his lungs,
bearded and dead, wrapped by his soldiers in
the hide of a cow; my mother's grandfather
--just twentyfour-- heading a charge of
three hundred men in Peru, now ghosts on
vanished horses.
I offer you whatever insight my books may hold,
whatever manliness or humour my life.
I offer you the loyalty of a man who has never
been loyal.
I offer you that kernel of myself that I have saved,
somehow --the central heart that deals not
in words, traffics not with dreams, and is
untouched by time, by joy, by adversities.
I offer you the memory of a yellow rose seen at
sunset, years before you were born.
I offer you explanations of yourself, theories about
yourself, authentic and surprising news of
yourself.
I can give you my loneliness, my darkness, the
hunger of my heart; I am trying to bribe you
with uncertainty, with danger, with defeat.


- Jorge Luis Borges (1934)
There is shadow under this red rock,
(Come in under the shadow of this red rock),
And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you;
I will show you fear in a handful of dust.

(Thomas Stearns Eliot, "The Burial of the dead")


Buenos Aires, 30 de Octubre de 2007

He tenido una entrevista laboral muy temprano en la mañana en el barrio de Flores. La vista de los jóvenes agrupados allí era realmente deplorable. No exagero al decir esto; ninguno de ellos articulaba palabra alguna. "No lo arruines ahora", pensé. Comenzé a sonreir y atraje hacia mí la pequeña maleta que contenía mis pertenencias, como si se escondiese allí un dios secreto. Durante la presentación de un supuesto anuncio que debíamos inventar mencioné la importancia de las oportunidades de ascenso dentro de la empresa, el detalle agradó a todos.
Antes de llegar a la parada del colectivo número 55 entré a una iglesia la cual tenía una puerta de vidrio; el material le restaba belleza. Admiro la quietud dentro de las iglesias.
Una o dos personas murmuraban detrás del altar; los cuadros del Via Crucis son mi detalle favorito.
Asistí a un partido de futból por la noche después de una prolongada ausencia en las canchas de pasto sintético. Me alegró notar que no he perdido mis habilidades deportivas. Las miradas de sorpresa por parte del público ocasional al notar mujeres corriendo detrás del balón a la par de los hombres suelen hacerse presentes.

Me hospedé en casa de Agostina desde el jueves hasta la tarde de hoy (domingo). El jueves Mujercitas Terror se presentó en el club Unione e Benevolenza. Mientras estábamos en el camarín -una sala fría que cuenta con un espejo, un espacio cuadrado en donde se dejan instrumentos y una escalera que conduce a un techo de apriencia inestable repleto de chatarra- uno de los encargados del lugar anunció que podrían tocar sólo 25 minutos y que debían salir a escena. Era temprano y el sonido fue horrible. El que se ocupó de ello gritó, durante el intervalo mínimo entre una canción y otra, "¡a ver si apagás ese acople!". ¿Puede creerlo?
Luego de 25 minutos apagaron el bajo de Daniela y alguien se acercó al escenario a avisar que debían terminar. "Esta canción dura un minuto" dijo Marcelo. Ante la mirada de odio repitió diplomática e irónicamente "un minuto" y tocaron Ángel Fuhrer. Fue un gran final.

El día sábado Mujercitas Terror se presentaría en Temperley, con motivo de la fiesta del día de los muertos a celebrarse en Klimat junto a Olfa Meocorde, Fulminados y Drogadictos.
Luego de un paseo desviado por el centro de la ciudad, tomamos el colectivo número 33 en Retiro. Dicho colectivo posee uno de los peores recorridos jamás trazados, inexplicablemente toma rodeos contrarios a toda lógica así como también se adentra en los barrios bajos de Avellaneda en donde las pandillas pasan su tiempo en las puertas de devastados monoblocks y las familias preparan asados en la vereda de sus casas delante de pasillos intrincados e interminables.
Al llegar a una calle frente a un descampado poblado de arbustos vimos a M.T entrar en la quinta donde sería el evento y bajamos velzomente, agradecidas por dejar atrás el vehículo.
La prueba de sonido fue brutal. Tomé fotografías y concluí así la película Ilford que había comenzado el jueves. Comenzé a tener muchísimo sueño producto de la salida del día anterior (y la del día anterior) y me quedé dormida luego de Olfa Meocorde.
Desperté con el tiempo justo para caminar hacia el salón, aún en el mundo del sueño; sin entender nada ni recordar cómo había llegado allí, observando a todos con los ojos entornados como si fuesen una gran casta caída en desgracia. La presentación abarcaría todo el contenido del disco extendiéndose en mis canciones malignas favoritas ("Mamá mata niñas", "Fuera de moda", "Mujercitas Blue", "Excavaciones", "Acá está todo mal" y la versión de "Chico enfermo", las cuales aún no han sido editadas). Al terminar había amanecido.
Nuevamente, el colectivo número 33 llevaría a todos de vuelta a Capital Federal. El frío terrible nos obligaría a apurar el paso y maldecir las cinco cuadras que nos separaban de la comodidad del hogar.

Belgrano

Qué decir acerca de la gente de la Facultad de Filosofía y Letras. He conocido gente agradable allí aunque concuerdo con su descripción detallada de la clase de Linguística (¿está cursando la cátedra Menendez?). Si decide socializar, le recomiendo - y espero no suene esto a consejo new age- hacerlo sin importar los canones habituales de elección. Probablemente la mayoría de ellos sean idiotas pero al menos, usted no se quedará con "más de lo mismo". Se lo digo por experiencia personal. Es insoportable recaer en clichés y creo que puede ser útil emprender una investigación a nivel sociológico.
No olvide extraer muestras de sangre.


Estuve en su barrio hoy por la tarde. Me encontré con Camila en Cabildo y Juramento; fuimos a visitar algunas disquerías e intentamos en vano despertar a Camila segunda. Nos hartamos de la avenida repleta de gente y puestos callejeros y tomamos el 168 hacia Palermo, con la intención de buscar unos discos míos en la casa de Camila y luego merendar. Concluimos en que los precios altísimos de Palermo sustentan el pago del alquiler de los locales de desproporcionadas dimensiones. Basta agregar la palabra "concepto", "independiente" o alguna referencia oriental y ya.
Entramos a un bar en la esquina de Plaza Serrano en el cual los camareros eran algo descerebrados. Camila pidió un almendrado. Su capacidad para comer dulces es maravillosa. Caminamos a su casa, busqué mis discos, comentamos acerca de Nick Cave y lo genial que resulta que ambas tengamos la misma talla de zapatos, luego se maquilló apresuradamente para ir a una cita.

Un saludo

Nenet

Ps: He visto "Los ejércitos de la noche" de Mailer en El Ateneo hoy. Muero por leerlo.

Darling

21/10/2007 10:30:36 p.m. aftermath
Bueno, para eso están los ex novios: para no verlos.

Alexander Search

Flashes of madness

When thou seest me spend hours
Holding in a feverish glance
Thy mouth or teerh, or thy hand,
And notest how my sould devours
With a sleeness like to trance
The commonest things that stand,

And askest what in them I see
That into each my spirit delves
As if each had a mystery,
Thou err'st in thy conjecturings,
For what ever obsesses me
Is not things in their weary selves
But the being there of things.

Eyes are strange things.
Meaning in them becomes life,
Life in them has wings.
Look at me thus. Thy glance is mad and rare.
Thine eyes show deep and wild and inner strife.
How they are more than Horror fair!

My child, I see thine eyes upon
A shadow as cast by the wings
When a swift bird passes close by
Th castlewindow before the sun:
So through thy glance th shadows fly...

Th souls of things dead and bygone
Haunt the appearences of living things.


"Te equivocas en tus conjeturas,
Porque lo que siempre me obsesiona
No son las cosas en sus seres fatigados
Sino su existir simple de cosas."

Éste es el único poema de Alexander Search que he leído (incluído en la Antología de Ediciones Libertador). Me hubiese gustado viajar al extranjero y residir allí luego de la escuela primaria. Acerca de los cuentos policiales, M me preguntó durante su último recital si podía recomendarle un autor, con lo cual me dí cuenta mi escaso conocimiento en la materia. Nombró un título pero debido al volúmen no logré escucharlo; creo que lo más cercano a un policial que leí ha sido "El hombre que fue Jueves" y "El caso de la cruz azul" luego de quinto grado.
"Bartleby" es sin dudas una de mis mejores lecturas en lo que va de este año.
Agamben y Deleuze parecen interesantes ("El lenguaje y la muerte" es un gran título, recordé también el ensayo de Deleuze acerca de Kafka el cual Ud. mencionó en repetidas ocasiones) aunque debo confesar -creo que ya hemos hablado sobre esto- mi incapacidad para concentrarme debidamente en textos filosóficos, lo cual tendré que corregir si quiero aprobar el examen que me aguarda en febrero durante el ingreso a la UCA. Aún así, presumo que exageramos en remarcar nuestros defectos, la estadística no indicaría cantidades asombrosas de jóvenes que por la noche se queden intentando descifrar textos de filosofía o novelas de 500 páginas (aunque éstas sigan insistiendo con construcciones no del todo agradables).

Creo que Edgar Allan Poe bebía demasiado.

Nenet

The three-legged mind

El teléfono me despertó por la mañana de un sueño en el cual mi hermano y yo cenábamos en un restaurant elegante de dimensiones considerables (espacio que en realidad era el Mc Donald's de Av. Corrientes y 9 de Julio devenido en lujo para extranjeros) cuando eramos interrumpidos por una familia española que preguntaba acerca de los mejores destinos dentro de la ciudad. El hecho curioso era que su hijo menor -de unos 4 años, quien no parecía español sino alemán- se prendaba de mi mano izquierda de modo insistente. Cometía las gracias típicas de un infante mientras su padre, dirigiéndose hacia mí, consultaba la ubicación de una vinería. Esta palabra, común al idioma, se volvía impronunciable para él, así como el resto de la pregunta; lo que resultaba absurdo al haber estado hablando perfecto español minutos atrás. Observaba su rostro y lo suponía de origen ruso. Su esposa traducía las palabras que él parecía haber olvidado. Sonriendo, respondía que mi hermano sabría informarles mejor acerca de vinos. El niño continuaba sosteniendo mi mano ante la mirada de su hermana (rubia también) y sus hermanos mayores: adolescentes de expresión seria quienes vestían camisa y corbata y lucían el pelo largo. Atada a mi muñeca izquierda, una orquidea similar a las que los jóvenes norteamericanos regalan a su cita la noche del baile de graduación. Mi hermano y yo eramos mayores (2 años quizás); mis hombros y brazos parecían el recorte de una revista de modas, mi cabello prolijamente peinado y recogido, llevaba un vestido corto de color claro y brillante.
Debíamos irnos de allí. Mi hermano se despedía de todos ellos y bajaba las escaleras velozmente. Al intentar hacer lo mismo, nuevos hijos se conjuraban ante mí (me preguntaba como no los había notado antes), por lo que me demoraba en saludar. Finalmente noté que aún tenía sujeto a mi brazo al pequeño germano quien se negaba a soltarme. Sus padres y hermanos reían ante la situación como si la voluntad suprema del infante superase su autoridad. Estaba indignada. Luego decidieron irse también y bajaron las escaleras hablando y riendo, dejándome sola con el niño, como si la situación fuese a resolverse por sí sola, como si verdaderamente no les importara perder a su hijo en el restaurant. Descendí los encerados escalones con la blonda carga aferrada a mí . La escalera era algo irregular y angosta y su decorado, nada acorde con el estilo sobrio del primer piso, eran animales de peluche que caían a nuestro paso. ¿Le gustarían a él las jirafas rojas y las zebras azules?
Al llegar a la planta baja el niño había desaparecido. Mi hermano discutía con mi madre acerca de dinero. Me dirigí hacia la puerta principal; un paisaje de automóviles rutilantes y palmeras falsas fue lo último que ví antes de abrir los ojos.

Mujercitas Terror en El Cyber

"¿Cómo está usted? Oh no, no estoy triste. He descubierto a un escritor estupendo llamado Edward Estlin Cummings. Puede leer algunos de sus textos en www.poemhunter.com, página que creo encontrará muy interesante.

En http://www.youtube.com/watch?v=AYd2jbN8Uw8
puede "ver" una filmación breve del recital de Mujercitas Terror. (Cortesía de un individuo que no conozco).

¿Cree que debo publicar en Vida Yummy la crónica del evento?

Un saludo

Nenet"


Me he sorprendido sola en mi habitación pensando un poema en el cual cada palabra parece estar destinada a arruinar a su predecesora. Medito acerca del título "Poemas para ser leídos en mi ausencia". Me he vuelto tétrica, determino. Resulta deplorable un indicio póstumo cuando aún ni siquiera cuento con una obra.

Por la noche tuve un sueño en el cual me encontraba nuevamente en la escuela secundaria. Claro que no era el Instituto Sagrado Corazón de Jesús sino un edificio inmenso cuyo patio estaba ocupado por gradas. Durante el recreo, cientos de muchachos vistiendo camperas militares se sentaron allí. Paseé entre las filas y pude observar que la mayoría eran réplicas de un solo modelo. Uno de ellos se acercó y ante mi sorpresa, preguntó si me parecía bonita su nariz. Durante un breve instante, su rostro adquirió mis rasgos. Me ví reflejada en mis propios ojos y enmudecí. Luego caminé hacia una escalera situada fuera del patio.
Las escaleras caracol son dignas de pesadilla.
Desperté con el tiempo justo para escuchar el arribo de mi hermano post juerga laboral. Abrió la puerta del horno, robó un pedazo de tarta y al pasar tropezó con mi radio. Probablemente estaba ebrio.

El sábado pinté mis uñas de color rojo y fui a ver a Mujercitas Terror.
El lugar era pequeño y estaba colmado de jóvenes bebiendo cerveza e inhalando el humo de sus delgadas varitas de nicotina. Supe que no quería estar allí. Recordé las palabras de Franz Kafka (una cita dentro del libro "Franny & Zooey, de J.D Salinger):

¿No quieres unirte a nosotros?- me preguntó recientemente un conocido al encontrarme solo después de medianoche en un café que estaba ya casi desierto.
-No, no quiero- dije yo.

Sólo entonces comprendí el significado del evento: el encanto secreto de una vida que ha muerto.
Mujercitas Terror subió al escenario luego de las respectivas presentaciones de Comme y Descomposición. Luego de la primera canción el dueño del lugar pidió que bajasen el volúmen.
En la mitad del recital, la luz azul de un auto de la policía se reflejaba en la puerta de entrada. Al parecer, el dueño les entregó dinero y se fueron.
Los presentes bailaban y se empujaban formando una confusa marea humana. En ese momento uno de mis amigos, el cual venía de otro recital, abrió la puerta de entrada: su expresión de desconcierto resultó impagable.
En el final, subieron el volúmen a la música de la barra para acabar con el asunto. Se improvisó una versión electrónica de "Chico enfermo" sobre la base rítmica de la canción que sonaba en los parlantes y eso fue todo.
Mi canción favorita fue "Mamá mata niñas".

El día siguiente, Marcelo explicó su teoría acerca de otras bandas y el hecho de que éstas no crearan a partir de la maldad. Así, sólo la mitad de las personas se ven representadas -confió-.
Mujercitas Terror ha creado un espejo de catastrófica belleza en sus canciones de amputados, enfermedad y crímenes; la misma belleza que ha atenazado las páginas de Franz Kafka y los difuntos que habitan el paraíso oculto en los libros de Gilbert Chesterton y Edgar Allan Poe.

Provincia de Córdoba

Jueves 2 de Agosto
Pasé la tarde dentro del auto observando un bosque nevado. La nieve es ahora mi fenómeno climático favorito; un error atmosférico de pálida atemporalidad.
Arribamos a una comunidad suizo-germana ubicada a una hora de Alta Gracia. Un blondo llamado Benjamin me arrojó una bola de nieve por error.
A mi madre no le agrada Alemania. Me disgusta que niegue que el causante de su aversión hacia dicho país sea su pasado político histórico cuando secretamente, se que lo es.
"Hitler murió. Y Alemania es un país bellísimo." Declaré, infantil e impertinente.
La habitación del hotel es pequeña y parda en comparación a la vastitud del paisaje exterior. Quisiera seguir escribiendo pero me veo embargada por una leve sensación de claustrofobia. El empapelado de lirios y malvones cae sobre mí. ¿Vendrá "El ángel de lo extraño"?
Mi madre se ha dormido.

9 3/4

He pasado mis vacaciones de verano aquí desde que era niña. Tengo 21 años ahora; es invierno y la ciudad es una novela de morfina que solo despertará en temporada.
Año tras año, mi abuela se ha encargado de mantener la casa ordenada y maravillosamente provista de todo lo necesario. La decoración no ha cambiado: podré entrar y saber que siempre será el año 1990; observaré una fotografía tomada en Mundo Marino en la cual mi bronceado supone la existencia de una gemela caribeña.
Mi madre y yo arribamos el día domingo a las 11:30. La lluvia arruinó mis planes. El frío me condujo a preparar té durante toda la tarde mientras leía los improperios de Louis Ferdinand Céline en "Viaje al fin de la noche".
Aún llovía cuando, detrás de a ventanilla del auto, contemplé las calles desiertas. Prolijos chalets absurdamente vacíos y altísimos edificios en completa oscuridad. Una localidad que exhibe estructuras de concreto tapiadas en penumbra cual viudas cubistas. Imaginé a los pobladores restantes bebiendo interminablemente o pudriéndose frente a la televisión.
Fascinada por el paseo fantasma, deseé poder extender mi estadía en la ciudad, pues se había creado aquí una muda ecuación de distribución humana en la cual nadie se vería perturbado.
Luego de medianoche, me dormí.
En mi sueño, un chico aparcaba un automóvil en la puerta de mi garage. Extrañada, salí a recibirlo. Parecía joven y muy cansado. Sus ojos no le pertenecían. Le permitía quedarse y al instante, se dormía; su cabeza apoyada sobre el volante.
Por la mañana, me vestí y bajé a la playa. Caminé en dirección del muelle. Había algunas chicos jugando al futból, a pesar del frío. Pescadores fumando infinitamente detrás de las redes en lo alto. Blancas gaviotas caminando torpemente, aguardando restos de pescado de la jornada.
Dos décadas de visitas han creado un espacio temporal del cual la casa se ha apropiado.
En él, nuestra memoria y sus pálidos recuerdos le pertenecen de modo absoluto.
Puedo escribir este pasaje porque ya no estoy allí: he dejado a mi sombra leyendo "La flor de Coleridge" en la habitación.

Miércoles 4 de Julio de 2007

Querido Sebastian:

Estaba pensando en portarme bien cuando le dí una soberana patada a la puerta de mi habitación porque, al pasar por el living, me desagradó el programa que mi madre veía en la televisión.
Durante mi breve estadía en Santa Elizabeth, Romina afirmó que yo era una persona muy tranquila y educada. Una dama. Pero, maldita sea, es fácil olvidarlo aquí.
Nos encontramos bajo Estado de Sitio.
Hoy a las 17:30 envié un mensaje a vuestro teléfono, el cual debido a las circunstancias adversas ha dado en leer y responder -de modo muy atento- su madre. ¿Recuerda aquel día en el parque en el cual ella llamó su atención y yo exclamé que podía cuidar de usted? A lo cual ella respondió que yo no podía cuidar ni de mí misma. Es cierto que yo jamás podré cuidar de usted. Pero podré ser su amiga hasta el final.
Es tarde aquí. Ví una película bélica. Mi hermano tuvo franco debido a el Día de la Independencia en Estados Unidos. Mi padre se ha ido a trabajar. Una niebla fría puebla la calle y no he prendido ningún cigarrillo durante el rato que he tardado en escribir esta carta. Intento fumar menos.

191

Desperté a las 14 hs. un día martes en el cual no debía ir a trabajar.
Puse un disco que contenía una grabación horrible en Italia. Pensé en cuánto me agrada dormir con jeans. Bajé las escaleras y preparé mi desayuno. Las fauces del día libre se desplegaban ante mí. Mordían mis piernas y atenazaban mis brazos con cucharas y otros utensilios de uso común. Los dibujos de Bugs Bunny sólo están en la televisión por la noche ahora. En su lugar, un documental acerca del misterio del Triángulo de las Bermudas.
Luego de que todos fueran a trabajar, escuché nuevamente ese condenado disco de The Jam y recordé que debo, imperiosamente, conseguir discos nuevos. Revolver casas de consignación, ferias, robar a los dueños de disquerías. Robar, robar, robar.
Pensé en Rimbaud y Verlaine y su duelo en Bruselas. En "El Corazón Torturado", en el divorcio en el siglo XIII y los manuscritos perdidos.
Comuniqué a un hombre sobre la obra de Louis Ferdinand Celine.

"His novels are verbal frescoes peopled with horrendous giants, paraplegics, and gnomes, and are filled with scenes of dismemberment and murder."

Supe que sería una buena idea cursar Linguística en el segundo cuatrimestre y quizás un seminario de poesía. Recordé lo aburridas que resultaban las clases de Gramática.
Pensé en Rimbaud y compré un libro de William Burroughs. Un libro de poesía que desconozco.

"Alejandro Serguéyevich,
con su permiso me voy a presentar:
Mayakovsky.

¡Déme la mano!
aquí está mi pecho
¿Lo oye?
Ya no late,
llora."

Otros libros. También a Louis Ferdinand Celine.
Recordé la semana pasada cuando, durante el almuerzo, alguien me preguntó porqué quería abandonar el trabajo.
"No lo sé, estoy harta y quisiera viajar y llegar a una isla y pescar", reí.
"¡Hemingway!" Gritó él.
Luego preguntó si estaba estudiando y contesté: "Letras".
Me contó sobre su familia de Profesores de Letras, mirando hacia su comida cada vez más extraña, apuntándo hacia mi con un tenedor y empequeñeciendo mis respuestas, que hasta el momento consideraba muy inteligentes.
"¡No me digas que todos mueren de hambre!" Grité.

Compré mermelada de zarzamora para Jueves y volví a casa. Aún estaba vacía.
Me dirigí hacia la heladera para guardar las verduras y al abrir el cajón un limón saltó hacia mí.
Sus pequeños dientes se hundieron en mi rostro y supe cuán importantes eran mis ojos, ojos que todo lo veían y admiraban y ojos de terceros en autos y fotografías de Cecil Beaton.
Rostro que aún no había logrado la victoria y el reconocimiento social.
Un pequeño escuadrón de vegetales uniformados asomó por el borde del cajón; huyeron marchando hacia el jardín. El limón gruñía cuando lo tomé por la parte trasera y lo arrojé hacia la puerta de vidrio: murió en el acto. Un conjunto de manzanas lloró desconsoladamente desde la heladera. ¡A callar! Grazné. Me deshize del pequeño cadáver amarillo con asombrosa facilidad.

Una hora después, el agua para el té hervía mientras estaba en mi habitación.

De la práctica literaria

La práctica literaria se apoderó de mi vida a la edad de ocho años cuando sin mayores preámbulos, producto de una asignación escolar, me ví inmersa en la creación de un cuento sobre animales zombie.
Pronto me dí cuenta que casi ninguno de mis compañeros compartía mi entusiasmo por las tareas de Literatura. Recuerdo lo terrible que resultaba para mí la limitada consigna de un cuento breve de una carilla, renglones en los cuales mis relatos sucedían velozmente hasta concluir en una explosión o una boda maravillosa (previa aparición de un ogro o bruja que intentara agriar la felicidad de los protagonistas).
Planeé una Editorial en la cual otras personas (adultas) publicaran junto a mí sus escritos acerca de sucesos horribles y enfrentamientos entre humanos y animales de granja.
La práctica literaria se apoderó de mi vida desde el día en el cual, estando en pre-escolar, observé mi nombre escrito en el pizarrón.
Años después, a la edad de trece años, diarios y hojas torpemente mecanografiadas se hallaban sepultadas en mi habitación.
En el año 2007, maldigo mis cuadernos y comprendo que "La literatura es el infierno". Recuerdo también las palabras que concedí a extraños, la envidia que sentí el día en que mi hermano demostró que sabía leer, las páginas que separaron a ciertos individuos del resto de la humanidad; la certeza de que no habrá un momento de ferviente admiración mayor que el que despierta en la juventud. Mi único deseo ahora es el último día en el cual el mundo abraze a su hija y cave su tumba en el cielo de diamantes.

4-5

El día viernes en el trayecto Retiro-Diagonal Norte repasaba una lista mental de palabras que me agradan y reflexionando sobre la fonética contenida en la palabra "esclavitud", recordé la plabra "mecenazgo" y luego la aún más compleja "yanaconazgo".
Me pregunté el significado exacto pero mi memoria EGB-Polimodal no fue suficiente para explicar la totalidad del concepto.
Hoy, durante un breve almuerzo laboral tardío (*) en el cual me encontraba en un estado primigenio debido a frías y escasas horas de sueño. Pregunté en voz alta '¿Alguien se acuerda que significa "yanaconazgo"?' Mi compañera me observó, temiendo el suicidio social. La mitad de la mesa negó, otros pensaron que bromeaba. Un chico citó la definición.
"¿A quién se le ocurre preguntar eso?" Ensayé a modo de excusa pasado el almuerzo. Mi compañera, acostumbrada a nuestro modo social radicalmente opuesto, reía. Luego dijo:
"No es tan extraño que hayas hecho esa pregunta, lo extraño es que alguien la haya respondido".


(*) Adjetivos.






Goyo y Nenet leen poesía


Sábado 21 de Abril, 19 hs.

Los interesados en asistir o participar de tal evento, remitir un correo eléctrico a vacacionesenisrael@hotmail.com


* 26.04. Mamushka Dogs Records

Night on Space vol. II

The Baseball Furies
Go Neko!
Cosmic Debris

Espacio Plasma - 21:00hs
Piedras 1856

Martes 3 de abril de 2007

1)The Velvet Underground
2)The Jesus and Mary Chain
3)Preguntas que él no podrá responder
4)J.P.T
5)Mnemotécnica musical de la A a la Z
6)Envenenamiento parcial
7)Clase de Teoría y Análisis Literario
8)J.L
9)La mente como duelo cinematográfico
10)Tren de las 21:55

Mi trabajo

1- Grado de cordialidad estándar.
2- Apatía hacia mi superior.
3- Eficacia mensurable en nueve minutos y veintitres segundos.
4- Iluminación dañina.
5- Familia de aire.
6- Pérdida programada de la cordura.
7- Relaciones interpersonales con pretensiones mesiánicas.
8- Alfombras
9- Aire acondicionado del infierno.
10- Apatía.

La continua historia de la presa dental

Hay ciertos días de la semana en el trabajo en los cuales, sin darme cuenta, me pongo de pie y comienzo a narrar relatos sesgados sobre diversas etapas de mi vida; etapas que, en deporte memotécnico invertido, me he dedicado a olvidar o a censurar cuidadosamente.
La última de ellas ocurría en el año 1999. Lucía un reprobable flequillo en forma de comillas sobre mi frente.
Tenía 11 años y atendía el 6to grado en un pequeño colegio en vías de extinción. Había muy pocos alumnos y la maestra de inglés era terriblemente mala.
Mi hermano cursaba 7mo grado, su horario de salida se extendía media hora más tarde que el mío.
Me quedaba a esperarlo acompañada por el hermano de una chica que también cursaba 7mo grado. Pateábamos penales desde las paredes enfrentadas del patio, levantábamos el metegol para jugar sin pagar fichas. Él me gustaba en secreto.
En mi grado había una chica que se llamaba igual que yo. Jamás hablaba.
Cuando llovía, en vez de estudiar las regiones geográficas o el proceso de fotosíntesis, la maestra nos contaba cuentos de terror.
En 6to Grado Único sólo había 3 chicos. Uno de ellos, rubio y probablemente repetidor de 5to grado, me preguntó si quería ser su novia. Dije que sí sin saber nada de eso y conforme al paso de las semanas, se enojó porque se suponía que debíamos besarnos o lo que era peor, salir a bailar.
Tiempo después, en un paseo escolar a un parque de diversiones en Luján, dejó de estar enojado cuando lo invité a sentarse al lado mío en el tren fantasma.

Ese año, mis padres advirtieron que mis comunmente denominados "dientes de conejo" me traerían problemas al ser mayor, cuando al crecer su ubicación resultara médicamente irreversible.
Mencionaron un tratamiento mediante la Obra Social y temí lo peor.
El concepto de Obra Social me recordaba al noticiero (el cual me aburría terriblementea la hora del almuerzo). La palabra "social" era sinónimo de vulgaridad. Muchas personas juntas remando hacia la nada.
Fui al maldito especialista una mañana junto a mis padres. Eran las 7 de la mañana, hacía frío y la sala de espera estaba llena de adultos tristes y niños tristes a causa del dolor de muelas.
El ortodoncista (palabra aún peor que el conjunto "obra social") tenía un tono de voz irritante y aunque se llamaba igual que mi padrino (quien era mi dentista) no se parecía en nada a él.
Dijo que era un caso perdido y que nunca había visto a una niña de esa edad con la dentadura tan fallada. Sugirió la extracción de dos muelas o el uso de una presa dental externa.
Mis padres encargaron la fabricación de la presa. Consistía en un alambre que, enganchado a dos coronas situadas en mis muelas, rodeaba el maxilar superior. A la altura de las paletas, un nuevo alambre se bifurcaba hacia izquierda y derecha, rodeando mi rostro. La parte exterior se aseguraba mediante una banda elástica azul en mi cuello. Debía utilizarlo sólo por las noches. Durante un mes, le rogué a mi madre no tener que dormir con eso puesto. No podía acostarme de otra manera que no fuera boca arriba. No podía evitar despertarme en la mitad de la noche teniendo sueños de presas dentales que ahogaban niños y momias egipcias durmiendo con los brazos cruzados sobre el pecho.
Temía que mi hermano se riera de mí y por eso esperaba que todos se durmieran para ponerme la incómoda presa.
Viendo dibujitos animados luego de las 12, parecía una melancólica creación de Tim Burton.
Meses después, el especialista consideró la tortura suficiente y anunció que yo usaría aparatos fijos en ocho dientes (4 en cada maxilar).
Guardé la presa dental en el cajón de mi mesa de luz.
A fin de año, mi boca llena de metal y yo anunciamos que me cambiaría de colegio.
Una chica, llamada Ana, se puso a llorar. Me dieron el premio a mejor compañera.
Mucho tiempo después, ví a Ana en la plaza de Hurlingham; quise saludarla, pero al verme, no me reconoció.

Querida muchacha

Buenos Días

El día lunes di exámen de ACL (Arte y Conocimiento del Lenguaje).
Espero promocionar la materia, la verdad es que el estudio de gramática a nivel secundario es aburridísimo, pero necesario (resulta increíble notar la cantidad de vulgares errores que cometemos al hablar).
Ayer fue el turno de Introducción al Saber (Filosofía y Teología), es poco factible que haya promocionado, porque el primer exámen fue un absoluto fracaso (los factores tiempo/trabajo no coincidieron). Imagine, estaba tan humillada que casi me largo a llorar al salir de clases.
Los chicos de la UCA parecen entrenados para ser maridos, padres y jefes (lo cual está bien, alguien tiene que hacerlo). Nadie, absolutamente nadie sabe de Johnny Thunders; sí de jineteadas, rugby, etc. Las chicas son sumamente bonitas, y les preocupa muchísimo la ropa. Todas se peinan (o despeinan) igual. El conjunto es agradable.

Mi nueva vida es genial. Tardé una hora y media en ordenar tres estantes de mi nueva biblioteca, bajo el criterio de colocar tres libros y luego alejarme y mirar si a X autor le agradaría estar al lado de Q autor. El orden indica los libros de mi infancia y luego asciende hasta la actualidad, ocupada por Hemingway, Camus y los tomos coloridos de Anagrama (mi colección preferida, es brillante combinar estética simple y títulos geniales).

Mi nueva vida cuenta con inesperados niveles de responsabilidad (inesperado es el hecho de cumplir con las responsabilidades y notar que estoy haciendo lo correcto), solo que a veces la rutina es algo desesperante. Pienso en renunciar a mi trabajo y huir ("Pero cuando el espíritu conquistado se libere") y luego un segundo poema de Gregory Corso finaliza "Oh, Gregorio, me fallarás, lo sé"; al recordar eso me parece lamentable fallar.

Un amigo me ha propuesto escribir para su revista digital. Me parecería mejor escribir y proponer que la revista sea impresa. Me agradaría escribir textos como éste, o quizás una columna en la cual cite algún tema de manera breve y puntual. ¿La idea le parece radical o absurda?

Que tenga un buen día.

Composición

Escribir sobre la libertad puede resultar una tarea penosa si la autora es una chica de 20 años, apresurada por calzarse las zapatillas deportivas antes de que anochezca y sea peligroso salir a correr en el polideportivo local.
El día domingo leí, en "El extranjero", un diálogo entre el presidiario Mersault y su carcelero, quien ante la queja de éste ante la falta de una mujer allí a su lado, argumenta que de eso se trata la cárcel: la privación. La libertad de Mersault se representa allí en la forma ausente de María. Y es sólo en ese momento, mediante esa sencilla respuesta, en que Mersault comprende el porqué de la celda (y la irremediable gravedad de su situación).
Hoy por la tarde, luego de salir de mi trabajo, me dirigí hacia mi hiper-tienda preferida, Farmacity.
Luego de la jornada laboral, en la cual hablé durante 5 horas y treinta minutos, ya sea por teléfono o con mi supervisora o compañeros, me dolía la garganta y pensé que algún tipo de caramelo o jarabe de propóleo sanaría el malestar.
Farmacity es el supermercado de medicamentos y productos de belleza en el cual los adultos se pasean y observan las góndolas, con expresiones dubitativas o curiosas ante las brillantes novedades. Segpun mi parecer, esta tienda funciona como una gran confitería en la cual la sociedad moderna adquiere vicios secretos. Si bien es cierto que puede abandonarse el consumo de drogas, siempre habrá nuevas drogas para reemplazar las anteriores.
Inofensivas pero igualmente atractivas. Analgésicos escondidos en pequeñas cajas de cartón, vitaminas de naranja y complicados batidos de vainilla para los deportistas avezados.
La presencia de adultos allí no es comparable a un supermercado común, en el cual la compra satisface necesidades primarias y mayoritariamente vinculadas con la temida "canasta familiar", sino que funciona como observatorio y plataforma para curiosas adquisiciones y silenciosos safaris consumistas. Farmacity se convierte entonces en escenario para supuestos diálogos y miradas voyeuristas: los solitarios protagonistas se pasean en una isla de shampoo e ibuprofeno en la cual luego de una mañana en la oficina, proposiciones de matrimonio en la caja registradora se ven rechazadas ante el frenético grito de "¡Aléjate de mis medicamentos!"
Estaba allí queriendo adquirir jarabe, posiblemente cansada y lejos de casa: de ninguna manrea me sentía libre.
Desconcerté a la farmacéutica con mi pedido y mientras se dirigía a las estanterías agregué "no es serio, es sólo momentáneo" o algo similar en absurdo.
Supuse ue la libertad puede verse eejrcida cuando el desconcierto y lo absurdo conllevan a un relato o recuerdo fuera del orden sistemático. Y las miradas de los empleados del sector llevarían a comentarios que se verían alterados por la repetición sucesiva hasta elaborar una cadena de equivocaciones improbables y el simple acto d ela jóven que adqirió pastillas para el dolor de garganta el martes 23 de enero concluiría, en un tono de voz swerio y afectado:
"Podría jurar que su piel era verde".
Concluyo en primer lugar en que ejerzo mi libertad mediante mi imaginación. Claro que eso ya ha sido formluado por alguien famoso y probablemente más elegante.
Prosigo entonces hacia el segundo piso en un edificio de la calle Bartolome Mitre en el cual un plantel de empleados se veía distraído por sus superiores. Ante las temidas palabras "re-estructuración", cambio y "necesidades del proyecto", no pude menos que recordar el invento de una mujer, éste consta de un mecanismo por el cual el ganado destinado al matadero no percibe el pelibro de su muerte y es sacrificado sin padecimiento anterior alguno. La verdadera revolución allí sería que todos los empleados, ante el discurso de sus supervisores, se pusieran de pie y comenzaran a mugir de manera muy audible.
En una ciudad en la cual Farmacity funciona como el Soma extático de "Un mundo felíz", y el trabajo resulta en libertad condicionada por caprichos burocráticos, mi libertad se ve perfectamente representada por las palabras, las horas desprovistas de llamadas telefónicas en las cuales suspiro leyendo un florido libro de Jane Austen y el final en el cual este texto se convierte en proclama.

La fiesta del monstruo

Mi abuela mira el canal de telecompras. Luego una película en Hallmark.
Mi hermano envía un mensaje desde la costa atlántica. "Limpiamos la casa", dice luego, por Msn.
Mi madre llama desde el sur y pregunta si estoy bien. Corta velozmente e imagino que, en medio de la calle comercial de Bariloche, teme recibir la noticia de que su hija ha muerto.
Envío saludos a mi padre, quien probablemente esté recordando quién sabe qué. Visitas al Hurlingham Club, o el porque jamás concluyó sus estudios universitarios.
Mis abuelos viajaron a muchos países, la renovación tecnológica aún no ha eliminado el placard en el cual se apilan cientas de diapositivas de museos, jardines en Holanda y rascacielos en Estados Unidos.
Mi abuela, cuando jóven, fue obligada por sus padres a aprender piano. Se convirtió en profesora aún odiando el instrumento. Cuando se casó, vendió el piano y olvidó todo lo que había aprendido.
El día de ayer, en el extremo silencioso de la casa, me acusó de drogadicta y quién sabe que más. Su mirada, levemente oscurantista, me hizo reir. Luego se transformó en algo serio y humillante. Juro en favor de la destrucción de antiguas estructuras.
Pensé en cuanto me aterra el no-saber, el cual no sólo se presenta en cuanto a diferencias generacionales sino a niveles humanos universales y aparentemente inalterables; estáticos.
Temo ser sorprendida sin el respaldo de una buena auto-defensa filosófica y verbal.
Asaltada por la ignorancia y un gran teleteatro.
Buda ha venido
a vernos
Vestido de cazador
en temporada de ciervos
 

Copyright 2010. All rights reserved.

RSS Feed. This blog uses Modern Clix