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Mujercitas Terror en El Cyber

"¿Cómo está usted? Oh no, no estoy triste. He descubierto a un escritor estupendo llamado Edward Estlin Cummings. Puede leer algunos de sus textos en www.poemhunter.com, página que creo encontrará muy interesante.

En http://www.youtube.com/watch?v=AYd2jbN8Uw8
puede "ver" una filmación breve del recital de Mujercitas Terror. (Cortesía de un individuo que no conozco).

¿Cree que debo publicar en Vida Yummy la crónica del evento?

Un saludo

Nenet"


Me he sorprendido sola en mi habitación pensando un poema en el cual cada palabra parece estar destinada a arruinar a su predecesora. Medito acerca del título "Poemas para ser leídos en mi ausencia". Me he vuelto tétrica, determino. Resulta deplorable un indicio póstumo cuando aún ni siquiera cuento con una obra.

Por la noche tuve un sueño en el cual me encontraba nuevamente en la escuela secundaria. Claro que no era el Instituto Sagrado Corazón de Jesús sino un edificio inmenso cuyo patio estaba ocupado por gradas. Durante el recreo, cientos de muchachos vistiendo camperas militares se sentaron allí. Paseé entre las filas y pude observar que la mayoría eran réplicas de un solo modelo. Uno de ellos se acercó y ante mi sorpresa, preguntó si me parecía bonita su nariz. Durante un breve instante, su rostro adquirió mis rasgos. Me ví reflejada en mis propios ojos y enmudecí. Luego caminé hacia una escalera situada fuera del patio.
Las escaleras caracol son dignas de pesadilla.
Desperté con el tiempo justo para escuchar el arribo de mi hermano post juerga laboral. Abrió la puerta del horno, robó un pedazo de tarta y al pasar tropezó con mi radio. Probablemente estaba ebrio.

El sábado pinté mis uñas de color rojo y fui a ver a Mujercitas Terror.
El lugar era pequeño y estaba colmado de jóvenes bebiendo cerveza e inhalando el humo de sus delgadas varitas de nicotina. Supe que no quería estar allí. Recordé las palabras de Franz Kafka (una cita dentro del libro "Franny & Zooey, de J.D Salinger):

¿No quieres unirte a nosotros?- me preguntó recientemente un conocido al encontrarme solo después de medianoche en un café que estaba ya casi desierto.
-No, no quiero- dije yo.

Sólo entonces comprendí el significado del evento: el encanto secreto de una vida que ha muerto.
Mujercitas Terror subió al escenario luego de las respectivas presentaciones de Comme y Descomposición. Luego de la primera canción el dueño del lugar pidió que bajasen el volúmen.
En la mitad del recital, la luz azul de un auto de la policía se reflejaba en la puerta de entrada. Al parecer, el dueño les entregó dinero y se fueron.
Los presentes bailaban y se empujaban formando una confusa marea humana. En ese momento uno de mis amigos, el cual venía de otro recital, abrió la puerta de entrada: su expresión de desconcierto resultó impagable.
En el final, subieron el volúmen a la música de la barra para acabar con el asunto. Se improvisó una versión electrónica de "Chico enfermo" sobre la base rítmica de la canción que sonaba en los parlantes y eso fue todo.
Mi canción favorita fue "Mamá mata niñas".

El día siguiente, Marcelo explicó su teoría acerca de otras bandas y el hecho de que éstas no crearan a partir de la maldad. Así, sólo la mitad de las personas se ven representadas -confió-.
Mujercitas Terror ha creado un espejo de catastrófica belleza en sus canciones de amputados, enfermedad y crímenes; la misma belleza que ha atenazado las páginas de Franz Kafka y los difuntos que habitan el paraíso oculto en los libros de Gilbert Chesterton y Edgar Allan Poe.

Provincia de Córdoba

Jueves 2 de Agosto
Pasé la tarde dentro del auto observando un bosque nevado. La nieve es ahora mi fenómeno climático favorito; un error atmosférico de pálida atemporalidad.
Arribamos a una comunidad suizo-germana ubicada a una hora de Alta Gracia. Un blondo llamado Benjamin me arrojó una bola de nieve por error.
A mi madre no le agrada Alemania. Me disgusta que niegue que el causante de su aversión hacia dicho país sea su pasado político histórico cuando secretamente, se que lo es.
"Hitler murió. Y Alemania es un país bellísimo." Declaré, infantil e impertinente.
La habitación del hotel es pequeña y parda en comparación a la vastitud del paisaje exterior. Quisiera seguir escribiendo pero me veo embargada por una leve sensación de claustrofobia. El empapelado de lirios y malvones cae sobre mí. ¿Vendrá "El ángel de lo extraño"?
Mi madre se ha dormido.

 

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