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Alexander Search

Flashes of madness

When thou seest me spend hours
Holding in a feverish glance
Thy mouth or teerh, or thy hand,
And notest how my sould devours
With a sleeness like to trance
The commonest things that stand,

And askest what in them I see
That into each my spirit delves
As if each had a mystery,
Thou err'st in thy conjecturings,
For what ever obsesses me
Is not things in their weary selves
But the being there of things.

Eyes are strange things.
Meaning in them becomes life,
Life in them has wings.
Look at me thus. Thy glance is mad and rare.
Thine eyes show deep and wild and inner strife.
How they are more than Horror fair!

My child, I see thine eyes upon
A shadow as cast by the wings
When a swift bird passes close by
Th castlewindow before the sun:
So through thy glance th shadows fly...

Th souls of things dead and bygone
Haunt the appearences of living things.


"Te equivocas en tus conjeturas,
Porque lo que siempre me obsesiona
No son las cosas en sus seres fatigados
Sino su existir simple de cosas."

Éste es el único poema de Alexander Search que he leído (incluído en la Antología de Ediciones Libertador). Me hubiese gustado viajar al extranjero y residir allí luego de la escuela primaria. Acerca de los cuentos policiales, M me preguntó durante su último recital si podía recomendarle un autor, con lo cual me dí cuenta mi escaso conocimiento en la materia. Nombró un título pero debido al volúmen no logré escucharlo; creo que lo más cercano a un policial que leí ha sido "El hombre que fue Jueves" y "El caso de la cruz azul" luego de quinto grado.
"Bartleby" es sin dudas una de mis mejores lecturas en lo que va de este año.
Agamben y Deleuze parecen interesantes ("El lenguaje y la muerte" es un gran título, recordé también el ensayo de Deleuze acerca de Kafka el cual Ud. mencionó en repetidas ocasiones) aunque debo confesar -creo que ya hemos hablado sobre esto- mi incapacidad para concentrarme debidamente en textos filosóficos, lo cual tendré que corregir si quiero aprobar el examen que me aguarda en febrero durante el ingreso a la UCA. Aún así, presumo que exageramos en remarcar nuestros defectos, la estadística no indicaría cantidades asombrosas de jóvenes que por la noche se queden intentando descifrar textos de filosofía o novelas de 500 páginas (aunque éstas sigan insistiendo con construcciones no del todo agradables).

Creo que Edgar Allan Poe bebía demasiado.

Nenet

The three-legged mind

El teléfono me despertó por la mañana de un sueño en el cual mi hermano y yo cenábamos en un restaurant elegante de dimensiones considerables (espacio que en realidad era el Mc Donald's de Av. Corrientes y 9 de Julio devenido en lujo para extranjeros) cuando eramos interrumpidos por una familia española que preguntaba acerca de los mejores destinos dentro de la ciudad. El hecho curioso era que su hijo menor -de unos 4 años, quien no parecía español sino alemán- se prendaba de mi mano izquierda de modo insistente. Cometía las gracias típicas de un infante mientras su padre, dirigiéndose hacia mí, consultaba la ubicación de una vinería. Esta palabra, común al idioma, se volvía impronunciable para él, así como el resto de la pregunta; lo que resultaba absurdo al haber estado hablando perfecto español minutos atrás. Observaba su rostro y lo suponía de origen ruso. Su esposa traducía las palabras que él parecía haber olvidado. Sonriendo, respondía que mi hermano sabría informarles mejor acerca de vinos. El niño continuaba sosteniendo mi mano ante la mirada de su hermana (rubia también) y sus hermanos mayores: adolescentes de expresión seria quienes vestían camisa y corbata y lucían el pelo largo. Atada a mi muñeca izquierda, una orquidea similar a las que los jóvenes norteamericanos regalan a su cita la noche del baile de graduación. Mi hermano y yo eramos mayores (2 años quizás); mis hombros y brazos parecían el recorte de una revista de modas, mi cabello prolijamente peinado y recogido, llevaba un vestido corto de color claro y brillante.
Debíamos irnos de allí. Mi hermano se despedía de todos ellos y bajaba las escaleras velozmente. Al intentar hacer lo mismo, nuevos hijos se conjuraban ante mí (me preguntaba como no los había notado antes), por lo que me demoraba en saludar. Finalmente noté que aún tenía sujeto a mi brazo al pequeño germano quien se negaba a soltarme. Sus padres y hermanos reían ante la situación como si la voluntad suprema del infante superase su autoridad. Estaba indignada. Luego decidieron irse también y bajaron las escaleras hablando y riendo, dejándome sola con el niño, como si la situación fuese a resolverse por sí sola, como si verdaderamente no les importara perder a su hijo en el restaurant. Descendí los encerados escalones con la blonda carga aferrada a mí . La escalera era algo irregular y angosta y su decorado, nada acorde con el estilo sobrio del primer piso, eran animales de peluche que caían a nuestro paso. ¿Le gustarían a él las jirafas rojas y las zebras azules?
Al llegar a la planta baja el niño había desaparecido. Mi hermano discutía con mi madre acerca de dinero. Me dirigí hacia la puerta principal; un paisaje de automóviles rutilantes y palmeras falsas fue lo último que ví antes de abrir los ojos.
 

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