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Sueño de un teatro de luces y música de cabaret.
Las actrices del teatro eran travestis de labios rojos y pieles blancas, vestidas como bailarinas de la década de 1920. Una de ellas me llevaba al salón que ocupaban las personas adineradas, casi todas ellas ancianos y mujeres sonrientes. Ibamos luego al camarín y mi acompañante desaparecía. Un grupo de bailarinas de ballet ocupaba la habitación. Al mirarme en un espejo notaba que mi maquillaje había desaparecido y que mi rostro era horrible, como si mis cejas y pestañas hubiesen sido eliminadas. Lucía un turbante blanco y brillante cerrado por una joya negra sobre la frente. Mi vestido era del color nacarado de una caracola. Las bailarinas comenzaban a interrogarme acerca de mi papel en el show y la presencia de mis amigas travestis en el escenario elegante; sabía que el espectáculo era en realidad una farsa y que no debíamos estar allí.

The actual condition

Buenas noches


Llegué a San Bernardo el día lunes. Al salir de casa hoy noté que aquí se ven muchísimas estrellas en el cielo. La ola turística aún no ha invadido la ciudad por lo que en la playa pude realmente escuchar el mar.
Recorrí la calle principal en búsqueda de librerías y una juguetería que recordaba de años anteriores. Todas las librerías han cerrado menos un local alejado y clásico el cual es atendido por un hombre calvo y barbudo que viste una camisa gris de Segba. Ví allí (y este es el motivo que ha causado este correo) "En los acantilados de mármol" de Ernst Junger y ¡oh sorpresa! "Le feu follet" de Pierre Drieu La Rochelle. Estoy leyendo ahora "La exhibición de atrocidades" de J.G Ballard pero he traído también las obras completas de J.L Borges y el ensayo de Pornografía y Obscenidad de Henry Miller y D.H Lawrence (nada me agrada más que escribir iniciales). Hoy por la tarde abrió sus puertas el mejor local de video-juegos ("Ingenio") por lo que recién he ido a intentar convertirme en la campeona del arcade, mi intento ha fallado al indignarme por el precio de la ficha, el cual asciende a $1. ¡Es absurdo! De todos modos jugué a un juego muy genial que no conocía llamado "Warzoid" en el cual uno se convierte en un soldado 3-D (presumiblemente alemán) y dispara contra esqueletos que ostentan bandanas rojas en medio del desierto. El mejor detalle es el nombre que uno puede elegir al comenzar la misión, que puede ser Monster, Ninja, Hammer, y una lista del estilo. Ah, olvidé mencionar que el el arcade no tiene joystick sino una pistola roja de plástico. Se supone que encontraré trabajo aquí en temporada. He ido dentro del mar y me he quemado la espalda un poco en la tarde, cuando me quedé dormida pensando en mi sueño de anoche. Antes de tomar el micro, grabé cds como si del fin del mundo se tratase.

Two English Poems


I

The useless dawn finds me in a deserted street-
corner; I have outlived the night.
Nights are proud waves; darkblue topheavy waves
laden with all the hues of deep spoil, laden with
things unlikely and desirable.
Nights have a habit of mysterious gifts and refusals,
of things half given away, half withheld,
of joys with a dark hemisphere. Nights act
that way, I tell you.
The surge, that night, left me the customary shreds
and odd ends: some hated friends to chat
with, music for dreams, and the smoking of
bitter ashes. The things my hungry heart
has no use for.
The big wave brought you.
Words, any words, your laughter; and you so lazily
and incessantly beautiful. We talked and you
have forgotten the words.
The shattering dawn finds me in a deserted street
of my city.
Your profile turned away, the sounds that go to
make your name, the lilt of your laughter:
these are the illustrious toys you have left me.
I turn them over in the dawn, I lose them, I find
them; I tell them to the few stray dogs and
to the few stray stars of the dawn.
Your dark rich life ...
I must get at you, somehow; I put away those
illustrious toys you have left me, I want your
hidden look, your real smile -- that lonely,
mocking smile your cool mirror knows.

II

What can I hold you with?
I offer you lean streets, desperate sunsets, the
moon of the jagged suburbs.
I offer you the bitterness of a man who has looked
long and long at the lonely moon.
I offer you my ancestors, my dead men, the ghosts
that living men have honoured in bronze:
my father's father killed in the frontier of
Buenos Aires, two bullets through his lungs,
bearded and dead, wrapped by his soldiers in
the hide of a cow; my mother's grandfather
--just twentyfour-- heading a charge of
three hundred men in Peru, now ghosts on
vanished horses.
I offer you whatever insight my books may hold,
whatever manliness or humour my life.
I offer you the loyalty of a man who has never
been loyal.
I offer you that kernel of myself that I have saved,
somehow --the central heart that deals not
in words, traffics not with dreams, and is
untouched by time, by joy, by adversities.
I offer you the memory of a yellow rose seen at
sunset, years before you were born.
I offer you explanations of yourself, theories about
yourself, authentic and surprising news of
yourself.
I can give you my loneliness, my darkness, the
hunger of my heart; I am trying to bribe you
with uncertainty, with danger, with defeat.


- Jorge Luis Borges (1934)
There is shadow under this red rock,
(Come in under the shadow of this red rock),
And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you;
I will show you fear in a handful of dust.

(Thomas Stearns Eliot, "The Burial of the dead")


Buenos Aires, 30 de Octubre de 2007

He tenido una entrevista laboral muy temprano en la mañana en el barrio de Flores. La vista de los jóvenes agrupados allí era realmente deplorable. No exagero al decir esto; ninguno de ellos articulaba palabra alguna. "No lo arruines ahora", pensé. Comenzé a sonreir y atraje hacia mí la pequeña maleta que contenía mis pertenencias, como si se escondiese allí un dios secreto. Durante la presentación de un supuesto anuncio que debíamos inventar mencioné la importancia de las oportunidades de ascenso dentro de la empresa, el detalle agradó a todos.
Antes de llegar a la parada del colectivo número 55 entré a una iglesia la cual tenía una puerta de vidrio; el material le restaba belleza. Admiro la quietud dentro de las iglesias.
Una o dos personas murmuraban detrás del altar; los cuadros del Via Crucis son mi detalle favorito.
Asistí a un partido de futból por la noche después de una prolongada ausencia en las canchas de pasto sintético. Me alegró notar que no he perdido mis habilidades deportivas. Las miradas de sorpresa por parte del público ocasional al notar mujeres corriendo detrás del balón a la par de los hombres suelen hacerse presentes.

Me hospedé en casa de Agostina desde el jueves hasta la tarde de hoy (domingo). El jueves Mujercitas Terror se presentó en el club Unione e Benevolenza. Mientras estábamos en el camarín -una sala fría que cuenta con un espejo, un espacio cuadrado en donde se dejan instrumentos y una escalera que conduce a un techo de apriencia inestable repleto de chatarra- uno de los encargados del lugar anunció que podrían tocar sólo 25 minutos y que debían salir a escena. Era temprano y el sonido fue horrible. El que se ocupó de ello gritó, durante el intervalo mínimo entre una canción y otra, "¡a ver si apagás ese acople!". ¿Puede creerlo?
Luego de 25 minutos apagaron el bajo de Daniela y alguien se acercó al escenario a avisar que debían terminar. "Esta canción dura un minuto" dijo Marcelo. Ante la mirada de odio repitió diplomática e irónicamente "un minuto" y tocaron Ángel Fuhrer. Fue un gran final.

El día sábado Mujercitas Terror se presentaría en Temperley, con motivo de la fiesta del día de los muertos a celebrarse en Klimat junto a Olfa Meocorde, Fulminados y Drogadictos.
Luego de un paseo desviado por el centro de la ciudad, tomamos el colectivo número 33 en Retiro. Dicho colectivo posee uno de los peores recorridos jamás trazados, inexplicablemente toma rodeos contrarios a toda lógica así como también se adentra en los barrios bajos de Avellaneda en donde las pandillas pasan su tiempo en las puertas de devastados monoblocks y las familias preparan asados en la vereda de sus casas delante de pasillos intrincados e interminables.
Al llegar a una calle frente a un descampado poblado de arbustos vimos a M.T entrar en la quinta donde sería el evento y bajamos velzomente, agradecidas por dejar atrás el vehículo.
La prueba de sonido fue brutal. Tomé fotografías y concluí así la película Ilford que había comenzado el jueves. Comenzé a tener muchísimo sueño producto de la salida del día anterior (y la del día anterior) y me quedé dormida luego de Olfa Meocorde.
Desperté con el tiempo justo para caminar hacia el salón, aún en el mundo del sueño; sin entender nada ni recordar cómo había llegado allí, observando a todos con los ojos entornados como si fuesen una gran casta caída en desgracia. La presentación abarcaría todo el contenido del disco extendiéndose en mis canciones malignas favoritas ("Mamá mata niñas", "Fuera de moda", "Mujercitas Blue", "Excavaciones", "Acá está todo mal" y la versión de "Chico enfermo", las cuales aún no han sido editadas). Al terminar había amanecido.
Nuevamente, el colectivo número 33 llevaría a todos de vuelta a Capital Federal. El frío terrible nos obligaría a apurar el paso y maldecir las cinco cuadras que nos separaban de la comodidad del hogar.

Belgrano

Qué decir acerca de la gente de la Facultad de Filosofía y Letras. He conocido gente agradable allí aunque concuerdo con su descripción detallada de la clase de Linguística (¿está cursando la cátedra Menendez?). Si decide socializar, le recomiendo - y espero no suene esto a consejo new age- hacerlo sin importar los canones habituales de elección. Probablemente la mayoría de ellos sean idiotas pero al menos, usted no se quedará con "más de lo mismo". Se lo digo por experiencia personal. Es insoportable recaer en clichés y creo que puede ser útil emprender una investigación a nivel sociológico.
No olvide extraer muestras de sangre.


Estuve en su barrio hoy por la tarde. Me encontré con Camila en Cabildo y Juramento; fuimos a visitar algunas disquerías e intentamos en vano despertar a Camila segunda. Nos hartamos de la avenida repleta de gente y puestos callejeros y tomamos el 168 hacia Palermo, con la intención de buscar unos discos míos en la casa de Camila y luego merendar. Concluimos en que los precios altísimos de Palermo sustentan el pago del alquiler de los locales de desproporcionadas dimensiones. Basta agregar la palabra "concepto", "independiente" o alguna referencia oriental y ya.
Entramos a un bar en la esquina de Plaza Serrano en el cual los camareros eran algo descerebrados. Camila pidió un almendrado. Su capacidad para comer dulces es maravillosa. Caminamos a su casa, busqué mis discos, comentamos acerca de Nick Cave y lo genial que resulta que ambas tengamos la misma talla de zapatos, luego se maquilló apresuradamente para ir a una cita.

Un saludo

Nenet

Ps: He visto "Los ejércitos de la noche" de Mailer en El Ateneo hoy. Muero por leerlo.
 

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