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Observación

"Ud. se ve muy bien en esa fotografía nueva.
Hoy en Argentina (más precisamente en la ciudad de Mar del Plata) se realizó la 'XI reunión de productores nacionales de arándanos -y otros berries-'. How sick is that.

1/15 besos

Nenet

Pd: Este mensaje no necesita de una respuesta inmediata, ya que es un cumplido y una noticia absurda.
Pd 2: Que disfrute su estadía en Austria. Me encanta "The sound of music".

D-24-08-d34

hex enduction hour dice:
No lo voy a poner, pero quería decirlo
hex enduction hour dice:
no estoy mal por eso
hex enduction hour dice:
voy a escribir un libro que se llame "Los odio a todos" y jamás van a publicarlo.

Sábado, 16 de Agosto de 2008

Nenet:

Soñé que un inexistente hermano menor de M -de ojos celestes, corte de pelo taza y gafas redondas de marco negro- aparecía en el jardín de una mansión o el interior de un salón de videojuegos y explicaba, con ademanes y palabras de persona mayor, que su hermano había recibido como regalo un set Lego y que por eso llegaría tarde. Me mostraba entonces un pequeño modelo multicolor construído en forma de caballo.


Camila:

Soñé algo delirante. Iba de viaje a un país parecido a China -pero mas chiquito- que se llamaba Lenin, me parece. Llegaba en un bote a una bahía de aguas oscuras, era un terreno montañoso. Subía hasta el hostel, el pasillo era igual a la casa de H. Entraba y estaban mis amigas. Pasábamos varios días ahí.
Salí un día y trepé hasta una plataforma de piedra donde se estaba realizando un recital de Nick Cave. Nick Cave era un gordo en silla de ruedas eléctrica con el pelo blanco. La plataforma tomaba forma de templo y yo pasaba a otro ambiente donde había una laguna encerrada bajo techo y columnas. Al costado de la laguna, en el camino de piedra, había unos arboles con frutos y flores: las flores eran de cerezos, superdesarrolladas, y cuando tomaba algún fruto, crecía hasta hacerse pornográfico. Volvía al recital y miraba la escalerita que comunicaba la plataforma con el puerto...y de ahí salía una especie de monstruo, como un cocodrilo negro gigante de dos cabezas; una en la parte delantera y la otra en la trasera. La delantera era como un ciervo con ojos azul eléctrico y colmillos, tenía unos cuernos muy extraños.
El monstruo invadía la aldea y se le bifurcaba la cabeza delantera para que tome lugar otra cabeza. Era horrible. Todos los turistas corrían hacia el hotel a empacar. Daban alarma de escape y el pasillo del hotel se convertía en otro puerto con un buque que zarpaba. Mis amigas y yo guardábamos todo en las maletas, pero el equipaje parecía ser eterno.
La deformidad como base de todo, deforme sos vos

Por Camila Del Guercio



Íbamos caminando hacia la fiesta, nosotros éramos los de tacos altos. Tacos altos, como los que usan los travestis en Godoy Cruz calle que estamos cruzando, vía de tren que mediamos. Un chico que no conozco nos acompaña, lleva galera, remera de lentejuelas y poco abrigo, canturrea una canción de lo más aburrida mientras pasamos las casas limítrofes a la senda, violentamente impuesta con sus arcos de hierro.
En medio del pasado oscuro, las muertes de mascotas suicidas emergían de un mal sueño como un recordatorio poco grato o gratificante que se asomaba para titilarnos en la frente. Unas luces delanteras, rojas, y titilantes ilumina las piernas de mi amiga, que lleva una boa negra y una sonrisa magnética que provoca convulsiones (en una mezcla de desprecio profundo y estremecimiento) en los conductores de los autos último modelo, tan típicos de Palermo: Ford K, Mini Cooper roja, BMW plateado descapotable.
El lugar no propone demasiadas emociones, cerca del éxtasis y la cocaína, es un viaje de lo más intemperante. Frente a la entrada, una fila interminable de gente vestida de ocasión: una chica de 2 metros con una túnica seborreica de la última temporada, un hombre acompañado por otro de sacón de piel de hurón, todos ellos personas olvidables. El chico de la galera emite un chirrido espástico cuando se encuentra con la enorme multitud a la que deberíamos respetar, digo deberíamos porque estamos desacostumbrados y malcriados por la odiosa creencia de “el presentismo hace al invitado”. Sin embargo, son malos tiempos para la gente única como nosotros. Pasa por debajo de las cadenas y nos toma de las manos. Lo imitamos, y mi amiga sigue sonriendo, es un viernes como cualquier otro.

B-Ay, vamos conchas, que nos perdemos al Ando que está tocando en el Lado B.

A- Vamos, mi amor, no te pongas nerviosa que te arrugas.- un soplido en la cara enchastrada de base y glitter.

C- …

B- Ay, ¿por qué tiene esta cara ésa? Así no va a conseguir nada.

A- Dejala Clittoris, vino a ver la banda no más.

N***** es un sitio que redefine la palabra siniestro, en un sentido atípico pero que hemos estado utilizando y presenciando sin mayores reservas. Mi recorrido por la noche porteña, como la de ustedes y tantos otros, no es algo nuevo. En el sentido incómodo de la palabra, la gente linda se acomoda como regalos en vitrinas, envoltorios macabros que recubren un espinazo lleno de cebo a punto de descomponerse, o un hígado cirrótico que se emancipó de su dueño para cobrar autonomía propia y celebrarla contorneándose mugriento bajo una lluvia de confeti dorada. Esto no es ningún residuo social, es la juventud misma. Sonrío y disfruto fantasías en las que aplasto órganos con mis zapatos.


Adentro y contento

Me miro en uno de los espejitos (1X1) , que adornan la pista de baile del lado A mientras un mastodonte pasa música minimal, y la gente salta enloquecida con pelucas flúor, los más atrevidos, y con vasos helados en las manos, la mayoría. Divertidos e intoxicados, dejo de prestarles atención en el momento justo que mis dos acompañantes me tironean hacia la segunda pista.
Un hombre encorvado está cantando su último repertorio, la gente duda en aplaudirlo y está más interesada en despedazar al que tiene en frente con ligeras muecas de desprecio y frases mal conjugadas. Qué bendición ser seudo intelectual y haber leído los clásicos para poder corregirlos. Ando salta del escenario a nuestro encuentro y sus ojos miopes esbozan una alegría de lo más banal.

B- Ando, Ando, quiero ver a Ando, esperá un segundo Carr que quiero ver a Ando.

A- Bueno, pero tranquilita.

B- ¡Ando! Estamos acá, vimos todo el recital estuvo buenísimo ¿cómo estás?

Ando- Clitto, todo bien, ¿vos? Sí, salió lindo, no los vi cuando entraron. Hola, preciosa, me encanta tu vestido.

C- Hola Andito, muchas gracias.- La única mirada sincera que dirigí en toda la noche.

Los dos chicos corren hacia el umbral iluminado en la esquina detrás del escenario. Un mono musculoso y coronado con mechones de pelos estáticos (lubricados con gel para mantenerse rígidos) los deja pasar. Mi amiga no los ve y queda suspendida en una búsqueda inútil que nos lleva aproximadamente la siguiente hora y media, con la galera puesta, que Clitto cariñosamente le había colocado sobre su peinado más parecido al de un papagayo tropical que al de una estrella de los 80. Los chongos estiran las manos sobre la copa negra, a composé con su oscurantismo absoluto. La sigo y me bajo el vestido blanco, mi preferido desde los 10, y le digo

C- No vino.

A- No, por suerte. – habla como si le pesara, en ese momento, tan lejos de la estupidez generalizada compadeciéndose a ella misma por haber quedado sola conmigo.- ¿Dónde está Clitto? ¿Y Andy? Quiero consumiciones gratis.

Después de un rato dice

A-Me estoy cansando.

Vamos a la entrada, hablamos con la chica que atiende la barra. Anda malhumorada por la cantidad de estirados que se gastan vaya uno a saber cuánta guita en cervecitas tamaño extra enana y por eso, se niega a darnos las consumiciones “porque están a nombre de otra persona”, no importa si nos las encargó. Ya en el guardarropas veo la postal, un esfuerzo publicitario del lugar por parecer más auténtico y reclutar gente con más onda, chicos sobre un sobreexplosivo fondo de imágenes multicolores, algo muy kitsch, tomado de la cultura japonesa mediante. Mi amiga se da cuenta, ve la cara de la chica rubia con una remera de “I Love NY” casi al mismo tiempo que yo. No le gusta nada, y aunque diga que es de lo más vulgar y que el lugar está pasado de moda sé muy bien que la envidia profundamente por haber tenido esa sesión de fotos y ella haberse quedado fuera de la propuesta. Esa costi que antes de conocernos no era nadie, no conocía el Dorado, ni a nuestras simpatizantes las drags que trabajaban ahí, no entendía el ritual de ponerse una peluca y mucho menos lo que era estar en el lugar adecuado a la hora adecuada. Ni lo difícil que era tener 14 años y no tener dinero para hacerse un cambio de sexo como Amanda Lepor, y el odio a las falsas lesbianas.


Arriba, en lo más alto y más allá de la escalera

Sin efectivo para una lobotomía temporaria, subimos con cintas estridentes en las muñecas a un segundo piso, la zona restringida y anteriormente con entrada exclusiva para invitados. Carr hace un mohín cuando observa que no hay nadie vigilando la escalera, y que toda nuestra prostitución representada de una manera obvia, en escotes profundos, maquillaje excesivo y transparencias, había sido completamente innecesaria e improductiva. Sin embargo, sube y yo le grito “Cicco(lina) esperame”. Ríe.
Este sector tiene una ambientación distinta al otro. Sí se mantienen las luces cálidas sobre las caras parpadeantes de la chica de la caja y la gitana de 40 años que bate una coctelera plateada de mala gana. Pero hay mesas y bancos donde apoyarse, pedestales de gente demasiado incomprendida y reconocida que pone cara de aburrimiento mientras se clavan una cerveza o una línea. Socialmente aceptado por supuesto, a nadie se le ocurre dar un paso de baile.
Nos acercamos a una pareja de mediana edad que, se da a entender, son conocidos nuestros. Clitto salta de algún rincón oscuro y empuja a la chica que nos había ofrecido un trago de su mojito minutos antes que nosotras habíamos aceptado casi inexpresivas.

B- Salí concha, Fede vení te quiero decir algo.- tiene la galera y la boa puestas, le dan un aire a mujer de los años 50 mezclada con Buster Keaton.

F- Clitto, calmate. – ríe mostrando sus dientes enfundados y deja de importarle si la mujer está tirada en el piso ahogándose con su propia saliva o intercambiando fluidos con otro/a.

B- Vení, sacate la camisa, no aguanto más. - ojos de velociraptor depredador.

Se deja un poco y después se aburre y dice

F- No Clitto, soltá.

Bastante harta de la secuencia de todos los fines de semana, veo como la boa baila en el cuello de su dueño y la galera cae al piso, unas manos zamarrean al chico con violencia y nos empujan a todos, incluyendo a otro chico que conozco que pone cara de incomprensión absoluta de lo que está sucediendo. Clittoris vuelve en sí y nos mira, esperando no sé qué reacción, porque nosotras estamos descostillándonos de risa en el suelo y señalándolos, a kilómetros de los buenos modales.
B- Ay bueno, basta. Me tiene cansada ese chico, ¿no ve que soy una diva?- se toca el pelo con permanente y sonríe. – A Carr le gusta, Carr cojételo.
Fede vení Carr te quiere decir algo, ¿cuándo van a estar juntos ustedes dos?

F- Mamita con esas tetas, cuando quieras.

A- Bueno…- cede y deja que estire la mano y le recorra el escote, luego aprieta.

F- Ciao.

Subimos otro par de escalones, y una francesa nos llama haciendo ademanes con las manos. Nos apuramos a acomodarnos alrededor suyo. Tiene una expresión grotesca, de cachorro desfigurado, cara de niña bien venida a menos y se protege el pelo rubio ralo con un pañuelo sosteniéndole la cabeza. Europeas que le dan vueltas al globo con la intención de demostrar su afán por el orfanato donde las olvidaron (Sudamérica).
Miro hacia otro lado aunque estoy segura que lo único que verdaderamente quieren es intercambiar tubos azules con oro blanco dentro mientras la francesa pronuncia frases inexplicables en sus oídos. Parece una gran guerra interior la que tiene que soportar. De tanto en tanto, una luz bolichera proveniente del sector de la plebe, ilumina sus ojos verdes inyectados. Es un personaje reconocido, se ve, porque la gente no para de acercársele y meterle conversación. Gente que no conocemos y ella mucho menos. No se puede hilar ningún tipo de comunicación continua porque entre las idas y venidas al baño, cuestión que sucede cada 10 minutos, pierde la coherencia.
Eva- Pogqué eztán con ezda caga, diviegtánse. –al minuto olvida lo que está diciendo y exclama con ira contenida- ¡Odiemos a loz roquegos! Miga, eztá con eza y no me prezta atenzión.

A- Son todos así mi amor, y yo que estoy con LeRoy y ni me llama.- se acaricia el vientre y pone una pose de dramatismo supremo, recordando que vive en un país tercermundista y que los abortos son ilegales. Gracias Iglesia Católica.

E- ¿¡Ccómo!? Agh. Luis vení paga acá.

Luis Rodríguez -duro como él solo- nos abraza y nos dice “lovers”. Nos encaja un beso seco a cada una y se sostiene el pelo canoso con la mano libre, la otra sosteniendo una cerveza. Eva le explica sobre el presunto embarazo con ademanes histéricos. Por lo menos nos entretienen y nos miramos de reojo, con una complicidad excluyente. Clitto no entiende y sonríe a un chico que pasa y luego grita presa también del drama. Por lo demás, propongo una libre interpretación de parte del lector.


Ya al final de la noche, bendita seas

Afuera está amaneciendo, nos sacamos los tacos para sentir el pavimento frío en la planta de los pies y contestamos a los gatos callejeros. Cerca de las vías, a un par de cuadras, en plena zona travesti, alguien con un poder adquisitivo mucho más alto que el nuestro está siendo asaltado y ríe porque no le importa. Y nosotras no reímos compadeciéndonos de Paloma, Towa, Barby, Mina y otras, que aún siguen trabajando, y que seguirán haciéndolo durante el resto de la cruda jornada incapaces de conciliar el sueño.
Al día siguiente, me espera el cincuentenario de mi progenitora y repaso un diálogo imaginario entre mis familiares sobre el último disco de Charlie Watts y lo bueno que está el lomo al champignon. Me aburro por adelantado y pienso en la importancia de las armas lícitas en los Estados Unidos.
 

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