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Buenos Aires - Mendoza

"7:23 am en alguna parte de Mendoza. Viñedos de tronquitos nudosos de un metro y medio de altura saludan al sol.

A la noche, enrollada en el asiento del micro, soñé que en una ciudad costera -mezcla de pueblo del interior de Buenos Aires y Texas- insistía en invitar a mi familia a tomar helado en la sede del Ku Klux Klan. El lugar era un galpón gigante con negocios y una barra tentadora de letras rosadas de neón. "Ice cream" leí, y los empleados parecían ausentes, como si su verdadera tarea fuese algo más que servir helado. Aunque aparentemente deliciosos, la idea del helado se confundía con las caras de los miembros del club y su pacto de odio. Yo lo sabía, y allí estaba el chiste del asunto.

Después, en una galería de arte similar a una taberna, X me mostraba cuadros que Y había pintado. "De nuestros hijos reales, imaginarios o perdidos". La idea no terminaba de gustarme. Las telas eran muestras de óleo y acuarela muy delicadas.
Caminábamos hasta una rambla lúgubre en medio de un bosque donde un grupo de adolescentes tomaba cerveza. Yo quería ver el mar y decepcionada, veía un estanque oscuro e interminable. "El mar es allá" señaló X en dirección opuesta. "¡El mar!" Exclamé contenta, pero me preguntaba por qué el agua parecía enmarcada entre paredes de piedra."

Computer Screen

I grow old … I grow old …
I shall wear the bottoms of my trousers rolled.
Shall I part my hair behind? Do I dare to eat a peach?
I shall wear white flannel trousers, and walk upon the beach. I have heard the mermaids singing, each to each.

I do not think that they will sing to me.


T.S. Eliot. Prufrock and Other Observations. 1917

Lunes 18 de Enero de 2010

"A las 20:30, cuando salí de la casa de C en Palermo el viento torcía los árboles. "Creo que se viene una re tormenta" había pronosticado ella, muy porteña, cuando nos asomamos al balcón. Cinco minutos después, parada en Coronel Díaz y Guemes, la calle estaba parcialmente inundada y oscura y los números de los colectivos brillaban como en una pista de carreras. Cruzé la calle dando zancadas y agradecí tener piernas largas (como A remarcó ayer cuando yo estaba sentada en su sillón). Me sentí capacitada para enfrentar el temporal y paré el 39 cartel rojo. "Crown of storms" pensé, pero era tarde. Dentro del colectivo la gente empapada se acomodaba en el pasillo y el chofer comentaba por radio "acá se viene el cielo abajo". No se veía nada más que las luces de otros autos y los cordones tapados por el agua. Sonreí y pensé que en ese momento el agua había creado un caos temporal que de alguna manera lo renovaría todo..."
 

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