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A Daniela Zahra, en su cumpleaños

"La gente nuestra ¿Es como que se vuelve loca? Son las letras yo creo. Me gustaría que escribieses sobre eso"

Ya no podría contar cuantas veces me senté enfrente de una pantalla, enfrente de mi cuaderno, en un pasillo, en la calle o en una escalera para escribir sobre Mujercitas Terror. Esta vez deje mis anotaciones en Buenos Aires así que me sirvo de mi memoria, la cual se acomoda y extiende sus brazos a mi merced, como una amiga invisible que narra su cuento en voz pasiva.

Hoy es una ocasión especial y hago trampa; busco sinónimos en un libro de gramática y uso punto y coma en mi párrafo. Kurt Vonnegut escribió una vez que utilizar punto y coma es inútil, que solo lo hacen los que obtienen una educación universitaria. Pero yo me escape de la universidad (y de la clase de teatro, la de fotografía, la terapia grupal y de mi país) y hasta que cumpla 30 (1) tengo licencia en los signos de puntuación e invocación de escritores fallecidos. Yo leí a Kurt Vonnegut y me reí con los hermanos gemelos Wilbur y Eliza; Daniela conoció a Marcelo y -como ellos- formaron una unión creativa que fue su mejor idea, Mujercitas Terror (2).

Como ocurrió con Carmen Burguess, yo no tuve la fortuna de desmayarme en clase de arte frente a Daniela, pero me quebré en mil partes una noche en el Sexto Cultural, caminando hechizada hacia el escenario y los parlantes para ver que era eso, quien gritaba detrás de una cinta de peligro y un carrito de bebe y quienes eran ellos, los que parecían salidos de una escena de Children of The Corn.

"Esta bueno atormentar a los chicos", leí en una nota que dieron una vez hace seis años, y en el camino pasaron incontables anécdotas de caos y delirio, como si el publico se sumase a un ejercito de inadaptados que se escapan del aula de Educación Diferencial para dibujar las paredes, vestirse con cruces y harapos y corear en nombre del mal y del espanto.

Hoy pensé en la letra de Mujercita Blue desde la cama, busque Excavaciones en un estante y escuche la canción desde el borde del sofá, como quien duda entre arrojarse de cara al vacío o ver el túnel desde el segundo vagón del tren fantasma. Pero yo vi la película de Mujercitas desde el primer vagón y salí herida: Herida de lucidez y entendimiento, agradecida porque los vampiros me mordieron el brazo y encomendaron que contara su historia.

Entre un patio de colegio y una fiesta de guirnaldas espectrales vi el primer disco, las noches en las que alguien cortaba el sonido, las apariciones y bailar descalza, desnuda y alejada de la realidad del trabajo, de los padres, de los exámenes en blanco y de las bandas que miraban al costado y no podían hacer nada contra ellos mas que excluir y desentenderse de una segunda invitación.

Nunca me reí tanto ni fui tan extrañamente feliz como cuando el acople tapaba los pedidos de bajar el volumen, cuando los chicos se pegaban entre si para celebrar su canción preferida o cuando la noche era un rito en donde vestirse bien era ley -aunque nos sangrasen los ojos, los oídos y una mano invisible me aplastase las entrañas preguntándose si llegaría la mañana y donde podría esconderme.

El tiempo se llevo los sótanos y trajo el segundo disco, los recitales bienales de Envidia en lugares cuyos nombres eran solo calle y numero y el publico un holograma en una silla; el reconocimiento por parte de las personas justas, las entidades que recibieron el mensaje y editaron libros de dibujos y cuentos, un segundo disco y un viaje a México.

Quería escribir sobre la preciosa y frágil Daniela, de la que no recuerdo la edad pero si su pelo y sus muñecas de tinta china y su placard de vestidos negros y pedazos de tela para tapar la luz de su habitación, pero me desvié de mi propósito. Aunque lejos conservo el instinto de preservación y otra vez envío este, mi único y mejor regalo en palabras y el deseo de las próximas 10 o 14 canciones.

(1) El número es arbitrario
(2) En mi opinión. Supongo que ellos piensan lo mismo.

In Excelsis III (RX)

Sentada en la mesita sucia de The Italian Store otra vez, con mi paquetito de foto carnet donde el ojeroso Monstruon me pide que intervenga la foto con un parche de pirata o un cuerno de unicornio.

Estoy obsesionada con la estética On the Road de Norteamérica  la de los Hells Angels y Ken Kesey y el heroin chic de los 90's en el pantalon pegado con duck tape de Jennifer Herrema.

El partnership creativo-matrimonial fue para mi la duración de una exhalación violenta y fugaz.

Es verdad que tengo que sentarme a meditar desde ayer y no lo hice, y rompí sin querer la vela que la psíquica me dio pero eso me da una excusa para visitar la santería de Ivy St.


Quiero intervenir una maquina de pachinko con foto carnets de desconocidos y predicciones de buena suerte.

Estados Unidos es un supermercado gigante, como el hermano con gigantismo del resto del mundo, y cada vez que quiero comprar un esmalte hay una colección nueva o un homage a alguna festividad y salgo sin comprar nada y sin pintarme las uñas (cortas, y tengo que dejar de morder el dedo pulgar de mi mano derecha, es un mal habito).

Leo en casa "You Will Die" de Robert Arthur sobre la Iglesia Católico Romana durante el imperio de Constantino en Nueva Roma. Abrazar la fe es un acto de amor, abrazar el catolicismo sin distinguir el mensaje de Jesús de las medidas de la Iglesia para ejercer control -el temor a Dios- es ablepsia; contribuye al viejo orden que nada tiene que ver con 2012.

Pero prefiero volver a las maquinas de pachinko que discutir métodos de coercion conmigo misma.


Se hace tarde y me falta la mitad de un tramite que tengo que enviar por correo para visitar Buenos Aires. Si mi convocatoria para un fanzine feminista no recibe respuestas suficientes voy a publicar memorias bajo un seudónimo y plastificar la tapa con Jane Bowles y la invocación ectoplásmica de Juana de Arco. 




In Excelsis II

Una anotación 

No es posible ser la
novia de alguien que
desea
       la destrucción del cuerpo

Ni del romántico
poco pragmático
atrapado
           en el túnel del tiempo

Ni de Satan en un
telecable de corriente
alterna

         Ni del tatuaje ruso
         y la lengua Stone

Ni de mi misma cuando me
         odio ni de la
figura camuflada en Dios

Y por ello doy gracias
porque no tengo nada
         ahora y me quite


de encima años de memoria
sin significado

y el corazón salvaje indio
piensa en mí desde
el plano astral mi destino
en código Morse

In Excelsis I

Obama gano las elecciones y un señor pago mi bagel en Starbucks.
Después me contó algo de un amigo español que no entendí, pero sonreí igual.

Ayer hable con D.F por G-Talk y me pregunto que había estado haciendo este tiempo. "Leo mucho, trabajo, salgo a caminar" respondí, y no me sentí culpable.

Me gusta mi trabajo en la cafetería aunque me deja cansada y paga mal. Me gustaría tener mi propio negocio en Buenos Aires en un punto oscuro entre San Telmo o la cortada de Avenida Rivadavia enfrente al Parque. Qué daría por conseguir un departamento en esa calle y escribir folletines hasta volverme muda.

Leonardo Favio nos dejó esta semana y con el se fue una parte de la memoria de una Buenos Aires que ya no existe, la de los malandrines y cuchillos escondidos en el traje, la de las prostitutas con perfume barato de lavanda; la que se construía lentamente para nosotros.

En una entrevista leí que el camino hacia su carrera comenzó por necesidad: La necesidad de no trabajar. Movido por ello lo intento todo. A esa causa original probablemente deba gran parte de su talento, el arte alimentado por una noción pura y romántica (romance como solo Buenos Aires puede proveer) y un corazón de delincuente juvenil.

Con esto digo adiós a mi querido Leonardo Favio.

Las palabras se imprimen en mi nuevo diario mientras un perrito gris pone su cabeza en mi pie demandando atención en el patio estacionamiento que elegí para sentarme a escribir, porque veo Norteamérica a través de los ojos de sus autos y de las tazas de café descartable -tan impersonales-: Existo en mis palabras y solo podría acceder a mi el poseedor de un tercer ojo, se diluye la materia y estoy aquí in espíritu en mi propia ceremonia.    
 

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